El uno se fue aprendiendo a amarme, el otro me obligó a irme porque aunque me ama no sabe vivirlo sanamente.
A uno la vida me lo quitó, al otro la vida me arrancó de su lado.
Creo que en el fondo dijo, me he cansado de darle oportunidades que no valora, le he dado lo mejor y él no ha podido ser lo mejor para ti. Tienes la oportunidad de amarte más sola.
Del otro dijo, lo siento mi niña no fue tu culpa no saber reconocer el amor de padre, ese que un día no supo demostrar ni sostener.
Sé que yo misma me lo llevé, negandote ese aprendizaje porque la lección era para él; pero esta vez es para siempre, se acabó el tiempo. Pero creeme que él lo intentó, creeme que quiso remediarlo, creeme que te ama.
Me fui pensando que con un amor mi vida recorrería sus días hasta el fin, y el otro se fue cuando empezaba a confiar que estaría en ella luego de creer que no estaría nunca.
Hoy que vuelvo a este escrito iniciado hace unos días, recuerdo más figuras masculinas, mis abuelos que son esa imagen tan distinta de amor pero que dejaron una huella, sembraron algo imborrable, incontenible, presente, vívido y vigil. La sabiduría de sus luchas y sus corazones me alcanza donde esté.
Aquiles me enseñaste a ser útil, a servir, a ordenar, a ser justo, a respetar y respetarse. Y Miguel a dar sin pedir nada a cambio, a sólo estar, a preguntar y escuchar, a sonreir sin importar nada, a seguir aprendiendo de la vida, de la edad, de los libros, de los demás y elegir lo que nos hace felices.
Y Gerardo? Eres el ejemplo de que sin vencerte a ti mismo y tus manías no sobrevive el éxito. Te adoro ñaño, me preocupo por ti pero también tus inconsistencias me han hecho mantener una distancia "por mi bien."
Y tu Ángel? Tanto esfuerzo porque te quiera y un día simplemente desapareciste y apareciste sólo por necesidad? Me hiciste sentir que en mi vida los hombres sólo sabian fallarme, se que no es mi culpa ni mi respondabilidad; pero te quise un mundo y te puse en un lugar donde no había puesto a nadie, el de un padre.
Max, me enseñaste a respetar, a amar, a hacerme respetar desde la consciencia y la madurez, me enseñaste que hay sueños que se cumplen, un hogar, a vivir el amor en plenitud de modo tan trasnformador que no tienes más que madurar o madurar para vivirlo, y más para dejarlo. Aún con todo lo bueno no pudimos con tu oscuridad ni con mi inmaudrez emocional, oscuridad que hice de lado al enamorarme. Fuiste la primera herida de un hogar roto. Nunca alguien supo tanto como quererme, como llegar a mi, o como enamorarme; y aún así no te quiero de vuelta, aún así no pude rendirme a la idea de que alguien sea indispensable, y volví a enamorarme, volví a amar y a amar mucho y fuerte. Gracias.
Finalmente, pero importantísimo, mi niño. No supe tu sexo nunca y aún así estoy segura bebé que eres un niño precioso, y aunque la lección fue para mi, te amo. Vives en mi. Así como el cariño con el que un día tus padres te concibieron.
Hoy puedo decir que la distancia dió espacio al respeto y autoconocimiento que necesitabamos ambos para querernos sin querer cambiarnos y aceptar el camino del otro con amor, pero separados.
Haciendo un recorrido por las figuras masculinas de mi vida, he amado mucho; pero me he sentido traicionada o atrapada en sus problemas, traumas, mentiras y frustraciones constantemente, tanto que al más inocente lo envolví en mi caos interno donde mi amor por ellos me arrastraba, donde yo iba obsesivamente. Tal vez por eso las mujeres suelen rechazar al masculino en sus vidas, formando uno para sí mismas.
Yo no pretendo llamar masculino a mi capacidad, constancia, disciplina, objetividad, coraje y tenacidad; pero tampo deseo ser un hombre. No puedo ni quiero odiar a nadie.
Si escogí distancia, no fue sólo por protegerme; fue para darme la oportunidad de escoger mejor, de dejar entrar hombres más sanos y responsables en mi vida.
No temo dejarme querer y ya no temo no saber cómo hacerlo: sólo siento que necesito aprender tanto como vivir mejor con los hombres en el calor de la intimidad de la pareja y el hogar. En aras de formar una vida plena, saludable, amorosa y armoniosa donde la masculinidad ya no duela, sino que florezca en mi.
Pdta. Los amo a todos
No hay comentarios:
Publicar un comentario